El ADN de las Sierras del Norte de Córdoba: La historia de Nacho Lozano y Bodega del Gredal

Por Jorge Cabrera | Caminos del Vino

Hay notas que se arman en un escritorio y hay otras que se respiran en la ruta, con la polvareda de fondo, interrupciones espontáneas y ese ruido a motor entrelazado con la pasión por el vino. En mi recorrida por los rincones emergentes de nuestra Argentina vitivinícola, tuve el gusto de conocer el trabajo de Nacho Lozano, ingeniero agrónomo, flamante técnico enólogo y la cara visible de Bodega del Gredal en la provincia de Córdoba.

Ubicada a unos 160 kilómetros de la capital provincial y rozando los 1.000 metros de altitud en San Pedro Norte, esta empresa familiar nacida en 2009 está demostrando que las Sierras Chicas tienen un terruño con carácter único y mucho para aportar al mapa vitivinícola nacional.

De la “felicidad ignorante” a la pasión de terruño

El camino de la familia Lozano en el vino no arrancó por mandato ni herencia vitivinícola. Sin antecedentes en el rubro —con un padre médico y un tío enfocado en la agronomía tradicional—, los primeros pasos en la finca estuvieron orientados al cultivo de nogales y almendros. Sin embargo, el gusto por consumir vino y la curiosidad los empujaron a plantar sus primeras vides. Lo que empezó como una aventura movida por la “felicidad ignorante” de no saber bien en qué se estaban metiendo, rápidamente se convirtió en una vocación que llevó a Nacho a capacitarse, poner el cuerpo y profesionalizar cada etapa del proyecto.

Hoy en día, Bodega del Gredal trabaja con un modelo productivo muy particular que combina dos realidades climáticas opuestas. En San Pedro Norte cuentan con 5 hectáreas propias donde cultivan Malbec, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir y Sauvignon Blanc a casi 1.000 metros sobre el nivel del mar, en un entorno frío, húmedo y con gran amplitud térmica. A esto le suman el manejo integral de 2 hectáreas en Cruz del Eje, una zona ubicada a solo 80 kilómetros en línea recta, pero a 300 metros de altitud, caracterizada por un clima mucho más seco y cálido.

Esa dualidad les permite jugar en la bodega con la complementariedad de los terruños. Mientras que Cruz del Eje le aporta rusticidad, cuerpo y graduación alcohólica, San Pedro Norte entrega vinos más ligeros, frescos y sumamente expresivos. Con una capacidad instalada de 25.000 litros, del Gredal se posiciona como una bodega de escala mediana-grande para los parámetros cordobeses, enfocado en partidas limitadas y de alta calidad.

Enoturismo, venta directa y la cuenta pendiente de Córdoba

El modelo comercial de la bodega está fuertemente anclado en la cercanía con el consumidor. La venta directa, el canal de WhatsApp y los envíos desde su depósito en Córdoba capital sostienen la distribución, pero el verdadero corazón del proyecto late en el enoturismo. Con visitas guiadas, degustaciones y almuerzos bajo reserva previa, la bodega da un salto estratégico importante con la apertura de su propio restaurante permanente para los fines de semana.

Tras compartir jornadas de cata y debate junto a colegas de diversos puntos del país —desde Jujuy hasta el Sur argentino—, la mirada de Nacho sobre la vitivinicultura cordobesa es tan optimista como crítica. Córdoba ha alcanzado un nivel de calidad en sus vinos que compite de igual a igual en el tercio superior de la producción nacional. Sin embargo, el gran desafío de la región pasa por la autoestima.

El vino cordobés no debe posicionarse en los precios más bajos del mercado por falta de confianza. Tratándose de proyectos de baja escala, con partidas acotadas y un trabajo artesanal de enorme valor, es momento de que la provincia se la crea y defienda con orgullo lo que sale de sus tierras.

Esta nota también se dio en el marco del evento Terruños Emergentes (foto), un encuentro anual impulsado por Caminos del Vino para visibilizar la riqueza vitivinícola de regiones en constante crecimiento como Jujuy, Chubut, Buenos Aires y Córdoba, y que fue posible gracias al acompañamiento de Altasur, Diam, Chirca, Fermentis y Familia Occhetti.

El futuro en la copa y el sostén familiar

Mirando hacia adelante, el futuro del vino en las sierras pasa por romper con la monotonía del Malbec y el Cabernet Sauvignon tradicionales. El verdadero potencial cordobés habita en la diversidad de sus microclimas, con un margen enorme para el desarrollo de blancos de gran perfil y tintas alternativas como el Merlot o el Cabernet Franc, que se adaptan a la perfección a las particularidades de la zona.

Detrás de este engranaje hay una estructura 100% familiar que empuja junta: el padre de Nacho al frente de la gestión turística y comercial, su hermana en la administración y asesoramiento enológico para afinar el perfil de los vinos.

Entre hileras de viñas, piletas de fermentación, la profesión de su esposa arquitecta y la crianza de sus dos hijas pequeñas, la vida de Nacho transcurre en un ida y vuelta constante entre el campo y la ciudad.

Ver a jóvenes profesionales formarse, embarrarse las botas en el viñedo y hablar con tanta solvencia sobre el terruño del norte cordobés confirma que el mapa del vino argentino se sigue reescribiendo. Córdoba ya no es una promesa: es una realidad vibrante que exige su justo valor y tiene con qué enamorar a los paladares más exigentes.

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