Frente a las modas de la industria y la obsesión por los puntajes, el reconocido enólogo cordobés reflexiona sobre el presente de la vitivinicultura en las sierras, la reconquista de los blancos y la importancia de elaborar vinos que hablen del lugar y de las personas.
Por Jorge Cabrera – Caminos del Vino
El vino es, antes que cualquier otra cosa, un vehículo para conectar personas y encapsular momentos. En una época donde la comunicación de la industria suele enredarse en tecnicismos, porcentajes de calcio, rocas graníticas y discursos de laboratorio, detenerse a charlar sobre la copa con la verdad de la fruta y la gente resulta una pausa necesaria.
De eso se trató el encuentro con Gabriel Campana, enólogo de Bodega Estancia Las Cañitas, un proyecto boutique emblemático ubicado en un rincón paradisíaco y extremo del Valle de Calamuchita, en las Sierras de Córdoba. Una oportunidad para recorrer y analizar el lugar de Córdoba en el mapa vitivinícola argentino, la relevancia estratégica de las uvas blancas, el mito de los puntajes y la magia de hacer vino en el corazón de las sierras.
Un oasis boutique entre Villa Berna y La Cumbrecita
Para entender el carácter de los vinos de Las Cañitas, es imprescindible ubicarse en su mapa. La bodega y sus viñedos se encuentran escondidos en el corazón del Valle de Calamuchita, en el paraje de Villa Berna y rumbo a La Cumbrecita, inmersos en una reserva natural serrana a 1.300 metros sobre el nivel del mar.
La distancia respecto a la ciudad más cercana —unos 35 a 40 minutos de sinuoso camino serrano hasta Villa General Belgrano— le imprime al proyecto un aislamiento geográfico único. Es una viticultura de escala acotada, artesanal y de altísima precisión:
- Superficie de viñedos: Casi 5 hectáreas implantadas en pequeñas parcelas libres, integradas de forma armónica entre pinares y el monte autóctono serrano.
- Suelos: Perfiles de origen volcánico y pedregosos, ricos en cuarzo, granito y mica, que otorgan una impronta mineral distintiva.
- Producción boutique: Una escala exclusiva de apenas 18.000 a 25.000 botellas anuales (según la añada), destinadas en un 90% al mercado interno especializado y un 10% a la exportación.

Córdoba hoy: diversidad, frescura y la reconquista de las blancas
Para Gabriel Campana, la vitivinicultura cordobesa atraviesa un momento bisagra. Lejos de buscar un perfil único, la riqueza de la provincia radica en la marcada heterogeneidad de sus valles.
“Hoy Córdoba está en un gran momento vitivinícola. No podemos hablar de un solo perfil cordobés, sino de distintos valles que son muy diferentes geográfica y climáticamente, donde el trabajo de la gente del lugar es la clave fundamental.”
En esa paleta de aromas y sabores, el camino de la provincia se perfila con claridad: ir hacia la frescura y la fidelidad con el paisaje antes que a los dogmas de cada variedad.
Dentro de este mapa, la uva blanca juega un papel protagonista. Al comparar la escala local con potencias vecinas —como Chile y sus miles de hectáreas de Sauvignon Blanc—, la oportunidad para Argentina y para Córdoba en particular no está en los grandes volúmenes masivos, sino en la singularidad de la expresión serrana.

La paradoja de la industria: ¿A quién le hablamos cuando comunicamos vino?
Durante la entrevista, pusimos sobre la mesa un dilema recurrente de la industria: la distancia entre lo que el consumidor busca y lo que el sector comunica. En un mercado global con consumos per cápita en reacomodamiento, la industria muchas veces se obsesiona por explicar el terroir como si entregara un manual de instrucciones al consumidor.
“A veces los freaks somos nosotros,” reflexiona Campana entre risas. “A mis amigos que van a comer un asado no les interesa eso; les interesa si el vino está rico y si sirve como nexo para compartir un buen momento, una charla… El vino tiene que ser rico primero; después viene todo lo demás.”

Los puntajes y las “cucardas”: herramienta comercial vs. la mesa real
Respecto a la influencia de los críticos y las puntuaciones internacionales, Gabriel mantiene una postura madura y terrenal, fruto de 15 años de trabajo continuo en la finca:
- Como herramienta: “Para un proyecto que empieza o como validación técnica/comercial, el puntaje de un crítico con paladar entrenado es una gran ayuda.”
- El riesgo: “Si lo que te motiva a cuidar un viñedo es únicamente una nota, estás en una equivocación de acá a la China. El puntaje ideal de un producto no está en una guía, sino cuando la gente en un restaurante compra tu vino, lo toma, vuelven a pedirlo y la pasan bien.”
Las Cañitas: 15 años de aprendizaje en un terruño extremo

El proyecto, iniciado a finales de los 90 por Juan José Navarro y su familia, tuvo sus primeras plantaciones en 2004 y su primera vinificación en 2007. Gabriel llegó en 2011 y desde entonces recorre un camino de aprendizaje constante.
Una alianza nacida en la adversidad
En 2012, un tornado inédito azotó la zona de Las Cañitas. Aquel evento extremo, que pudo haber destruido el proyecto, terminó forjando un vínculo indestructible entre el propietario y el enólogo.
“Fue un tornado fuertísimo en 2012. Esas energías de la naturaleza te hacen sentir muy chiquito. Ese momento nos unió fuertemente con Juan José Navarro. Nos dijimos ‘hermanemos’, y a partir de ahí surgieron cosas muy lindas. Me dio una libertad absoluta para trabajar, pero también una responsabilidad enorme de investigar un lugar donde no había libros escritos.”
Un cierre a pura emoción: Encapsular un momento en una botella
Hoy, Las Cañitas elabora vinos que desafían los prejuicios: desde un Sauvignon Blanc filoso y expresivo, pasando por un Pinot Noir de montaña, hasta un sorpresivo Naranjo.
Sin embargo, para Gabriel Campana, el objetivo final de su trabajo no se mide en análisis técnicos ni en puntuaciones de mercado. Para explicarlo, echa mano a una escena icónica del cine:
“Hay un momento mágico en la película Ratatouille donde el temible crítico Anton Ego prueba un simple bocado y, de inmediato, la emoción lo transporta a su infancia, a la cocina de su madre. Cuando ves eso, entendés el verdadero poder de la gastronomía. Con el vino pasa exactamente lo mismo: mi motivación diaria en la finca es lograr que en cada botella de Las Cañitas quede encapsulado un recuerdo, la esencia de este paisaje serrano y, sobre todo, un momento sincero de felicidad para quien lo está tomando.”




