Por Jorge Cabrera (Caminos del Vino)
Hay momentos en la vitivinicultura que son fundacionales, y participar de ellos tiene un gusto especial. En Cuadro Benegas, una zona privilegiada al suroeste de la ciudad de San Rafael, nos encontramos con Nicolás Molina y Franco Guillén, dos enólogos jóvenes (31 y 35 años) que han decidido unir fuerzas y conocimientos bajo su consultora Pino Negro Wine Group para darle vida a un proyecto que late con fuerza propia: Polder de Benegas.
Cuadro Benegas: Suelo pedregoso y noches frías
Ubicada a solo 3 km al sur de la emblemática Cuesta de los Terneros, la finca de Polder de Benegas goza de una ubicación biológica estratégica. Franco nos explica la clave del lugar: “Tenemos noches frías y días cálidos en verano, una amplitud térmica que favorece maduraciones de gran calidad fenólica”.
El suelo aquí es el protagonista. Al estar tan cerca de la Cuesta, el perfil es pedregoso y variable, lo que se traduce en vinos de colores intensos y frutas profundas, con un potencial de guarda que recuerda a las mejores zonas del Valle de Uco, pero con la identidad inconfundible del sur mendocino.
Un equipo que apuesta a la sinergia
Nicolás y Franco vienen trabajando juntos desde 2020 (con pasado compartido en bodegas como Bianchi), pero este proyecto los encuentra en una faceta integral. “Nadie se salva solo”, dispara Nicolás con honestidad. En un contexto de industria desafiante, ellos decidieron que el camino era el compañerismo. Tan fuerte es el vínculo que, entre charla y charla, confiesan que hasta hacen embutidos juntos: una verdadera “ranchada” donde la amistad potencia el trabajo.

Construir desde el cimiento (literalmente)
Lo que hace a Polder de Benegas un caso fascinante es que el propietario, Daniel Muñoz, los convocó cuando la bodega era todavía un piso de tierra. “Agarramos el proyecto con la construcción en pie; el edificio estaba, pero no la enología”, recuerda Franco.
Desde definir la capacidad de los tanques hasta adaptar equipos de frío de aire para enfriar agua —ingenio sanrafaelino mediante—, los enólogos diseñaron una bodega pulcra, práctica y escalable. Hoy cuentan con una capacidad de 30.000 litros, trabajando con una precisión artesanal.
El tesoro oculto: Gamay en San Rafael
La finca tiene 4 hectáreas y media que Daniel Muñoz compró en 2005. Entre el Malbec y el Bonarda, apareció una figurita difícil: el Gamay. Esta variedad francesa, famosa por el Beaujolais, es una rareza absoluta en Argentina.
“Es un desafío hermoso. Da vinos jóvenes, frescos, con una cosecha temprana que nos permite sacar el primer vino del año”, cuentan entusiasmados. Además del Gamay, el proyecto ya cuenta con nuevas plantaciones de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Sauvignon Blanc y Malbec, que entraron en producción en esta cosecha 2026.
La filosofía del líder y la libertad de crear
Ambos enólogos destacan la figura de Daniel Muñoz como un líder ordenado y sensato que les ha dado libertad total para “jugar” y experimentar. “Es una fiesta de trabajo”, dicen sobre la Vendimia, donde el ambiente de buena onda se respira desde la selección de la uva hasta el fraccionamiento.

Calidad sin negociación
El objetivo comercial de Polder de Benegas es ambicioso pero claro: alta gama desde la base.
- Producción actual: Alrededor de 19.000 a 25.000 litros.
- Vinos en camino: Un Sauvignon Blanc con paso por barrica (francés y americano), Malbecs puros, y blends de tintas que buscan competir en la franja más exigente del mercado.
Ver nacer una bodega con este nivel de profesionalismo y humildad es inspirador. San Rafael sigue sumando nombres que, con sensatez y mucho estudio, elevan la vara de toda la región. ¡Salud por Polder de Benegas!



