Por Jorge Cabrera caminosdelvino
Hay charlas que no se dan en un escritorio ni siguen el guion rígido de una entrevista formal. Nacen al ritmo de una copa de vino, con la sinceridad y la transparencia con la que hoy la vitivinicultura necesita mirarse al espejo.
En esta nota de Caminos del Vino, nos sentamos a conversar en profundidad con Juan Pablo “Juampi” Solís, enólogo principal de Bodega Kaiken. Fue un encuentro mano a mano para reflexionar sobre los cambios de paradigma en el consumo, los desafíos de la enología moderna, la sinergia indispensable de equipo junto a Nicole Monteleone ingeniera agrónoma y Gustavo Hörmann Enólogo y Gerente General de Bodega Kaiken, y la impronta viva de un referente imprescindible como Aurelio Montes.
El vino argentino y mundial atraviesan un punto de inflexión crucial
Durante más de dos décadas, la comunicación vitivinícola se refugió en un lenguaje excesivamente técnico: calicatas, perfiles de suelo, carbonatos y descriptores tan complejos que terminaron por alejar al consumidor cotidiano de la mesa. Juampi lo sintetiza con claridad al decir que la técnica termina siendo lo que menos importa al final del día. El consumidor busca tomar un vino rico, disfrutar el momento, compartirlo y sentir que está al alcance de su bolsillo. Hoy la gente no busca una lección de geología en la copa, sino una experiencia real y honesta. La digitalización abrió la “cocina” de las bodegas y demostró que el público valora la transparencia por encima de cualquier solemnidad.
La convivencia entre dos mundos dentro de la industria
Por un lado, tenemos el segmento del lujo y lo específico, enfocado en terroirs puntuales, microparcelas y etiquetas de elite para coleccionistas; por el otro, el vino de consumo amplio, donde mandan la frescura, la fluidez y la relación precio-calidad. Coincidimos en que el gran error histórico fue pretender comunicar el vino masivo con el mismo hermetismo rebuscado del vino de alta gama. Es momento de volver a entenderlo como lo que siempre fue: un alimento, un compañero de la mesa familiar y un estilo de vida disfrutado con moderación.

Las nuevas tendencias
Frente a la regulación del tránsito y los hábitos de las generaciones jóvenes, Kaiken no elige la parálisis, sino una evolución constante. La propuesta pasa por elaborar vinos con graduaciones alcohólicas más moderadas y perfiles frescos que resalten la fruta sin perder la identidad del lugar. Esta visión se completa con una propuesta integral de hospitalidad y gastronomía en la bodega, permitiendo que el visitante experimente el viñedo y la montaña en primera persona, creando así un vínculo genuino que va mucho más allá de la botella.
Detrás de cada gran etiqueta hay un equipo multidisciplinario.
Lejos del mito del enólogo ermitaño, la dinámica de Kaiken se apoya en una sinergia fluida: la pasión de Juampi en la bodega, el trabajo minucioso de Nicole en el viñedo y el liderazgo de Gustavo Hörmann articulando la operación integral. Esa armonía de trabajo es la que nutre la consistencia de la bodega. Y al hablar de Aurelio Montes, el sentimiento compartido es de un profundo respeto por su búsqueda innegociable de la excelencia. Aurelio enseña a no nivelar nunca hacia abajo, a subir la vara de la exigencia y a contagiar una visión global que motiva a superarse ante cada desafío.
Las novedades con las que Kaiken sigue marcando camino y sorprendiendo al mercado.

Por un lado, la bodega presenta su línea Divina, una muestra clara de cómo reinterpretar terruños icónicos con frescura y libertad. En el caso del Divina Torrontés 2025, traído desde las alturas de Gualtallary, nos encontramos con una mirada totalmente renovada de nuestra cepa nativa. Es un blanco austero, elegante y vibrante, cargado de flores blancas, fruta fresca y un toque salino marcado por los suelos calcáreos de la montaña, ideal para beber joven y sin complicaciones.

En esa misma búsqueda de elegancia aparece el Divina Chardonnay 2024, nacido en una parcela seleccionada de Los Chacayes. Allí, las vides crecen sobre un lecho pedregoso que las desafía a dar lo mejor de sí, logrando un vino refinado que remite a los grandes blancos de Borgoña. La crianza bien integrada en roble se combina con una acidez crujiente, aportando untuosidad y recuerdos de fruta blanca, con un gran potencial de guarda.

Y para coronar esta mirada paciente sobre el tiempo y el terruño, la bodega sorprendió el año pasado, con el lanzamiento de su Kaiken Millésime 2017, su primer espumante de añada elaborado bajo el método tradicional. Como bien expresa Juampi, no todas las cosechas merecen convertirse en Millésime, pero cuando un año Gualtallary regala uvas excepcionales y una acidez impecable, la bodega asume el compromiso de dejar que la añada hable por sí sola. Elaborado 100% con Chardonnay y tras una crianza de 84 meses sobre lías, es una etiqueta de edición limitada deslumbrante, con notas de pan tostado y frutos secos, una textura envolvente en boca y una elegancia pensada para disfrutarse sola o acompañar desde pescados y mariscos hasta platos elaborados con hongos.
El vino lleva miles de años caminando junto a la humanidad. Las modas van y vienen, las formas de comunicar se transforman, pero las bodegas que entienden que detrás de cada etiqueta hay personas, paisajes auténticos y momentos de disfrute genuino son las que perduran. Y Kaiken, desde Vistalba, camina firmemente en esa dirección.



