Por Jorge Cabrera caminosdelvino
Hay proyectos vitivinícolas que nacen de planes financieros y otros que se cimentan desde el alma, el respeto mutuo y la memoria compartida. En el universo del vino argentino, Marchiori & Barraud representa de manera transparente esta segunda categoría: la búsqueda constante de la excelencia enológica contada a través del trabajo en equipo y el calor de una familia elegida.
A la cabeza de esta bodega mendocina se encuentra un trinomio enológico indiscutible: Andrea Marchiori, Luis Barraud y Noelia Torres. Tras décadas de trayectoria cruzando caminos —desde los primeros pasos de Noelia a sus 22 años bajo la mentoría de Luis y Andrea, pasando por el rigor de grandes proyectos corporativos— el destino los volvió a reunir. Esta vez no solo como colegas, sino como socios y guardianes de un estilo propio.
Elegancia, fruta y honestidad: La nueva identidad de la copa
Lejos de las modas pasajeras o de la búsqueda obsesiva de sobreconcentraciones y maderas abrumadoras que dominaron décadas pasadas, la enología guiada por Noelia Torres abraza la moderación y el equilibrio.
“Nuestra búsqueda pasa por respetar la fruta y la expresión pura de cada finca. Usamos la madera como una compañera prudente e integrada, persiguiendo vinos elegantes, con volumen en boca y una concentración media que invite a seguir bebiendo.”
Las tres fincas propias distribuidas en terruños estratégicos
Marchiori y Las Piedras en Perdriel (Luján de Cuyo) y La Esperanza en Las Pintadas (Tunuyán, Valle de Uco), ofrecen vinos se despliegan como una radiografía de los terruños más icónicos de Mendoza.
Aunque el Malbec es el rey del volumen, los tres enólogos coinciden en una pasión compartida por el Cabernet Sauvignon como estandarte global, entendiéndolo como el gran parámetro de comparación con el resto del mundo. En esa búsqueda rehúyen de los vegetales agresivos o las pirazinas verdes, inclinándose por taninos suaves y redondos, especias finas y la sutileza del morrón asado.
A la par, el ensayo y la libertad marcan el pulso de la bodega: desde la frescura de la Línea Fincas hasta el carácter identitario de Cuartel 2, pasando por su emblemático corte Hornero y su ícono Cuartel 5, siempre hay un espacio reservado para la curiosidad, tal como lo demuestran sus microvinificaciones experimentales —entre ellas, un rosado 100% Syrah piel de cebolla y limitadísimas barricas de Chardonnay.

Bajar el vino a tierra: El verdadero rol de la comunicación
En una industria a menudo seducida por los puntajes de los críticos o el lenguaje técnico, la postura en Marchiori & Barraud es clara: la estrella es el vino, no el enólogo.
Entendiendo el vino como un catalizador de momentos y encuentros, Noelia y sus socios apuestan por una comunicación sin pretensiones. Para ellos, la mejor retribución no reside en un número colgado en una etiqueta, sino en ver a una pareja en un restaurante disfrutando una botella hasta la última gota. El vino no se explica desde un manual denso; se siente, se comparte y se disfruta.
La red que todo lo sostiene
Hacer vino de alta gama mientras se forma una familia no es una tarea sencilla, pero la historia de este equipo demuestra que las redes de contención hacen lo imposible alcanzable. La cotidianeidad de la bodega ha estado marcada por niños jugando entre barricas, cosechas compartidas y un soporte mutuo incondicional que trasciende los horarios laborales. Marchiori & Barraud no es solo una marca de vinos de autor; es la construcción diaria de tres amigos que decidieron volver al origen, trabajar con las manos en la tierra y ofrecer al mundo botellas sinceras que hablan, ante todo, de disfrute, humildad y hogar.



