En el marco de una nueva edición del International Wine Challenge (IWC) en Londres, la vitivinicultura argentina alcanzó un hito histórico. La etiqueta Huentala Calizo Albar Block 06, cosecha 2023, elaborada por Huentala Wines en Alto Gualtallary (Valle de Uco, Mendoza), fue galardonada con el Red Champion Trophy tras consagrarse como el mejor vino tinto global del certamen.
Por Jorge Cabrera caminosdelvino
El reconocimiento se dio tras imponerse en catas a ciegas entre más de 4.000 muestras presentadas por establecimientos de todo el mundo. El resultado quiebra además una racha de cinco años consecutivos en los que el máximo premio en la categoría de vino tinto había quedado en manos de productores franceses.
El vino ganador proviene de una parcela específica y se elaboran solo 2.300 botellas por añada, comercializadas en el mercado local a un precio de referencia de $294.000 ARS. Para dimensionar la escala de la bodega, la línea Gran Sombrero Malbec alcanza una producción anual entre 30.000 y 40.000 botellas, y obtuvo 96 puntos en el mismo concurso.

Tras la entrega del premio en el salón Guildhall de la capital británica, el fundador de Huentala Wines, Julio Camsen, se refirió al desempeño del producto en el certamen:
“Es la primera vez que la Argentina obtiene un premio de estas características. De cuatro mil muestras del mundo, solo quedaron cinco nominadas para vino tinto y el campeón fue argentino, mendocino, del Valle de Uco y de Gualtallary. Esto no es casualidad: hay mucho trabajo detrás, desde el enólogo y el ingeniero agrónomo hasta la persona que cuida la finca, riega y labra la tierra todos los días. Logramos cautivar a los paladares más exigentes del mundo, máster wines y chefs con estrellas Michelin.”
Apenas pisó suelo mendocino luego del anuncio en Londres, dialogamos con José “Pepe” Morales, Chief Winemaker de Huentala Wines
¿Qué representa este premio para la bodega y para el posicionamiento del vino argentino?
Representa un montón porque nos hace visibles en el mercado internacional. Cuando viajás a Europa te das cuenta de lo lejos que estamos de todo, y estar tan lejos hace que todo sea más complicado. Llegar a la cúspide en un concurso tan exigente como el International Wine Challenge es una sensación tremenda. Que en una de las grandes capitales de consumo del mundo te digan que lo que estás haciendo en tu lugar de origen es lo mejor del mundo, impacta muy fuerte. No significa que hayamos llegado a la meta, sino que es un desafío para ir por más.
Para dimensionar la dinámica del IWC, ¿cómo es el proceso de degustación y el sistema de evaluación?
En la primera fase, los vinos que superan los 95 puntos obtienen Medalla de Oro y avanzan a la disputa de los Trophies. Tras pasar por múltiples mesas de degustación y ser evaluados por seis comités distintos, los ganadores de Trophies Nacionales disputan una final donde se elige al mejor de cada categoría global. En esa instancia, nuestro vino fue galardonado como Red Champion Trophy.
Al finalizar la premiación, cuando les agradecí y fui a saludar a los directores del concurso, me dijeron: “Acá no hay nada que agradecer, nosotros no sabemos qué probamos”», recuerda Pepe Morales entre risas sobre la transparencia del certamen. Para el winemaker, esa frase sintetiza la esencia del evento: una evaluación cien por ciento a ciegas e imparcial donde solo habla la calidad.
¿En qué se diferencia ganar este trofeo frente a obtener un alto puntaje de un crítico particular?
Históricamente, el Red Champion Trophy quedaba en manos de vinos europeos, principalmente franceses. Que por primera vez se le otorgue a un vino argentino rompe una hegemonía del Viejo Mundo y nos posiciona en las Grandes Ligas.
En Huentala Wines, hemos tenido puntajes altísimos de 97 puntos de críticos de gran trayectoria que nos llenan de orgullo y valen un montón, pero esto es distinto: acá no se trata solo de la opinión de un crítico, sino de un grupo amplio de degustadores internacionales que evaluó miles de etiquetas a ciegas y dictaminó que tu vino tinto fue el mejor de toda la competencia. Eso no se compara.
¿Quiénes integran el equipo técnico y de campo detrás de este proyecto?
Esto no es un logro personal. Detrás hay un equipo con el que charlamos y tomamos decisiones todos los días: Agustín Núñez, Atilio Ortega, Mauricio Levi, Alberto Venenati y Federico. También Eduardo Marticorena, Julio Camsen y la memoria de Pedro Marticorena, que fue quien me conectó con este proyecto.
En lo personal, esto me hace recordar cómo llegué a la bodega. Recuerdo cuando estaba cansado de viajar, con ganas de volver a Mendoza con mi familia, y a través de Pedro terminé conociendo a Julio Camsen. La primera charla fue dura, pero al ver el viñedo en Gualtallary y su potencial me enamoré por completo.
¿Qué análisis hacés del trabajo diario y qué mensaje le dejás a las nuevas generaciones de enólogos?
La vitivinicultura es 99% sacrificio y 1% de estas alegrías enormes. Es un trabajo artesanal y comercialmente difícil.
Mi mensaje para los jóvenes enólogos es sencillo: nunca dejen de soñar y pónganse en manos de Dios. Esto yo lo soñaba de forma difusa, no sabía cómo ni cuándo se iba a dar, pero trabajando con fe, en equipo, y con convicción, desde Argentina se puede llegar a lo más alto.



