Vinos de la Patagonia: El legado familiar y la vanguardia de Bodega Miras

Gabriel Bosso / Jorge Cabrera (caminosdelvino)

La vitivinicultura de la Patagonia no se explica solo a través de sus paisajes fríos y sus vientos constantes; se comprende, fundamentalmente, por las manos de quienes decidieron apostar por su tierra. Un claro reflejo de este compromiso se encuentra en el corazón de Río Negro, donde Bodega Familia Miras atraviesa un momento pleno: una etapa de consolidación que combina el respeto absoluto por el patrimonio histórico de la región con la fuerza de la transición generacional y la evolución del enoturismo.

El Origen del Terroir Patagónico: del Alto Valle a la leyenda de Marcelo Miras

Si bien antes de principios de 1900 ya había registros de viñedos en Río Negro, el capítulo uno de los terroirs patagónicos comenzó formalmente cuando Humberto Canale implantó sus propios viñedos en el Alto Valle. Fueron décadas de auge y crecimiento, donde la fruticultura, las sidras y el arraigo familiar consolidaron una imagen imponente de calidad y prestigio en la región.

Noventa y un años después de aquel inicio, en 1991 y en medio de una profunda crisis de la industria nacional, esa misma bodega histórica trajo a un joven entusiasta dispuesto a vivir donde muy pocos se animaban. Con una hoja en blanco y el desafío de empezar a dibujar, germinó una historia que atravesaría adversidades climáticas, vaivenes de la industria, resurgimientos y éxitos.

Ese joven enólogo se convirtió con los años en una figura mitológica y una experiencia viva para el sur argentino: Marcelo Miras. Desde el río Colorado hacia abajo, no hay nadie que no haya recibido algo de él: ha ayudado a renacer proyectos, ha educado a quienes hoy lideran empresas y se ha ganado el respeto ferviente de toda la industria por su compromiso y conocimiento. Nosotros lo definimos así:

“El comandante en jefe de los legionarios vengadores del viento. Una personalidad de una trayectoria indiscutible y una humildad que conmueve.”

El pasado 21 de mayo, en una gira organizada por Caminos del Vino, 30 enólogos de La Pampa, Río Negro, Neuquén y Chubut se reunieron para realizar una degustación técnica de más de 25 etiquetas de la región. El objetivo del encuentro, donde no participaron jurados internacionales ni comunicadores, fue que los propios hacedores eligieran los vinos íconos que mejor representan a la industria del sur argentino.

Tras evaluar los datos técnicos y definir el “top 10” de la región, los profesionales eligieron de forma unánime a su primer gran referente: Marcelo Miras, quien fue distinguido por sus propios colegas como el Enólogo Ícono de la Patagonia.

Bodega Familia Miras: El presente de la vitivinicultura en Mainqué

Hoy, afincados en Mainqué —un paraje de parras centenarias en el corazón de Río Negro—, la realidad actual de la región se define para la bodega en dos grandes vertientes estratégicas: la protección del patrimonio con el rescate de viejos viñedos (como su finca histórica de 10 hectáreas que data de 1958) que guardan la memoria y la identidad de la provincia; y por otro lado la renovación e implantación con la búsqueda constante de nuevas variedades y clones (como el Trousseau) que mejor se adaptan a las condiciones del microclima patagónico, manteniendo además vínculos comerciales de más de 15 años con productores históricos de Ingeniero Huergo y General Roca.

El reciente encuentro de “Íconos de la Patagonia” demostró la notable evolución cualitativa de las uvas y los vinos de las distintas microrregiones del sur argentino, posicionando a los exponentes locales en la alta gama nacional. Este crecimiento ya no es un hecho aislado, sino el resultado de un ecosistema productivo en plena maduración.

El tándem padre e hijo y la transición generacional orgánica

Una de las mayores satisfacciones para Marcelo es ver cómo el recambio generacional se ha dado de manera natural, sin presiones. Pablo Miras (foto principal), su hijo y también enólogo, ya cuenta con más de 15 vendimias en su haber, aportando una bocanada de aire fresco y su propia impronta a los vinos que comercializa la bodega.

“Trabajar en familia es, ante todo, un espacio de disfrute compartido: desde los mates a media mañana mientras se etiqueta, hasta las decisiones clave en la mesa de degustación, es el espíritu vitivinícola que uno fue mamando de los abuelos, de los padres, y que hoy va transmitiendo a los hijos y nietos”, confiesa Marcelo con orgullo evidente.

Por su parte, Pablo destaca la libertad y el respaldo recibido: “Nunca de parte de mi viejo, con tantos años de trabajo, hubo un “se hace lo que yo digo”. Tener voz y voto, y saber que hay alguien detrás que te apuntala y te acompaña si cometés un error, es lo que te empuja a seguir adelante”.

Sandra Ponce y Marcelo Miras

“All in One”: El rol de cada integrante de la Familia

En Bodega Miras, el crecimiento de las unidades de negocio ha llevado a una organización interna impecable. Aunque todos los integrantes están listos para subirse al autoelevador, realizar los pisoneos o podar el viñedo, cada miembro de la familia de Marcelo tiene un rol clave para optimizar los procesos: Luciano, Ana y Andrés (sus hijos) llevan adelante la comunicación digital, la gestión de redes sociales, el desarrollo de la tienda online y el diseño de las etiquetas. Celeste (su hija) se encarga de una pieza clave en la estructura de la bodega como es el control de stock de insumos, el seguimiento de los vinos y la gestión de pedidos. Marcia (esposa de Pablo, su hijo) aporta su talento como chef y coordina el área de eventos y experiencias gastronómicas de la bodega y Sandra (su esposa), definida unánimemente por la familia como “la reina de la bodega”es el motor que gerencia la armonía del hogar, la embajadora de la marca que recibe a las visitas y el alma de la casa.

Innovación Bajo el Agua: El experimento del Golfo San Matías

La bodega no solo resguarda la tradición, sino que lidera la vanguardia de los vinos de la Patagonia. Un hito reciente y muy comentado ha sido su participación en el proyecto de vinos sumergidos en Las Grutas, en colaboración con el Gobierno de Río Negro y el Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo.

Botellas de la línea Familia Miras Malbec 2019 pasaron seis meses bajo el mar, a 10 metros de profundidad, expuestas a las mareas, la presión y las variaciones térmicas del Golfo Azul. Al realizar la degustación comparativa con el mismo ejemplar criado en la estiba tradicional de la bodega, los resultados sorprendieron a los enólogos.

A nivel organoléptico (análisis a través de los sentidos), el vino submarino demostró una aceleración notable en su evolución, entregando un perfil sumamente amable, redondo, con características sensoriales únicas. Este camino alternativo de crianza y comercialización abre un horizonte brillante para la Ruta del Vino de Río Negro.

Enoturismo en Río Negro: El Futuro de Mainqué

Desde hace dos años, la bodega abrió sus puertas al enoturismo bajo reserva previa. La propuesta es clara: invitar a los viajeros a desconectarse, caminar entre los viñedos, disfrutar de la naturaleza del Alto Valle y probar vinos con una marcada expresión frutal influenciada desde la cordillera hacia el mar. Cuando un turista llega a la bodega, antes que nada está visitando a una familia; ahí radica la magia y el alma de la experiencia.

Con los “mini Miras” (la tercera generación, que hoy tiene entre 5 y 11 años) corriendo entre las hileras, el futuro de la bodega continúa escribiendo los primeros trazos del capítulo 2 de la historia patagónica, bajo las mismas premisas que la vieron nacer: la pasión, el amor por la tierra y el respeto por el legado familiar.

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