Iconos de Patagonia 2026: Roberto Schroeder y el arte de perfeccionar el Pinot Noir y las burbujas neuquinas

Jorge Cabrera (caminosdelvino)

El viento de San Patricio del Chañar no solo moldea la vid; también forja el carácter de quienes se atrevieron a mirar un mapa en blanco allá por el año 2000. En el marco del encuentro Iconos de Patagonia 2026, dialogamos a fondo con Roberto Schroeder, el hombre que vio nacer el proyecto desde las celdas de un Excel en un escritorio familiar y que hoy, un cuarto de siglo después, lidera la transición hacia una estructura profesionalizada, con la sabiduría de quien sabe cuándo intervenir y cuándo dar un paso atrás para dejar que la nueva generación dibuje su propio camino.

De la hoja de cálculo al ADN patagónico

El “golpe de realidad” del Excel (Costos ocultos)

Cuando armaron el proyecto en el año 2000, los números en la computadora decían que iban a empezar a recuperar la inversión dentro de lo previsto. Pero el mercado del vino fino es complejo. Schroeder admitió que habían sido un poco optimistas al pensar los tiempos en que la gente conocería y compraría su marca (publicidad, distribución, viajes para abrir mercados). Por eso, llegar al “punto de equilibrio” (el momento donde la empresa no pierde plata y empieza a ser rentable) tardó mucho más de lo previsto.

La recompensa: El “Efecto Patagonia”

A pesar de ese error de cálculo financiero, el proyecto funcionó gracias al lugar geográfico elegido. En los años 2000/2001, un grupo de bodegas (incluida la de él) llegó a San Patricio del Chañar y le dio un “refresco” (una renovación) a la vitivinicultura del sur. Pusieron a la Patagonia de moda con un estilo de vino moderno, fresco y llamativo.

La prueba de fuego internacional

El mejor indicador de que los vinos eran excelentes (y de que el esfuerzo valió la pena) fue que lograron venderles a compradores internacionales hipercalificados. En el mundo del vino, los importadores son sumamente exigentes y auditan todo (la consistencia del vino, la higiene de la bodega, los procesos). Pasar esas “auditorías” con éxito fue el sello de calidad que consolidó a la bodega.

En pocas palabras:

El plan original en los papeles falló porque vender vino fino es mucho más caro de lo que pensaban, pero sobrevivieron y triunfaron porque la marca “Patagonia” y la calidad de sus vinos eran tan fuertes que lograron conquistar a los compradores más exigentes del mundo.

Los dos hitos que marcaron la historia

Al repasar los momentos cumbre de estos casi 25 años de trayectoria, la charla decanta inevitablemente en tres grandes aciertos que reconfiguraron el porfolio de la bodega y el paladar del consumidor argentino:

El fenómeno “Deseado”: El quiebre del prejuicio dulce

Deseado no fue un espumante convencional. No buscó disputarle el terreno al tomador histórico de champagne, sino que creó su propio mercado.

“Fue un hito que empezó con cierta desconfianza por el prejuicio que había contra los vinos dulces. Pero los dulces de calidad tienen un espacio enorme. Con Leo [Puppato, el enólogo], pudimos desarrollarlo. Él venía de empresas muy grandes donde no le habían permitido aplicar esa idea; nosotros creemos en darles ‘manos libres’ a nuestros técnicos para que creen y se equivoquen. Deseado fue un hallazgo potente y popular”.

La especialización extrema en Pinot Noir

Si hay una variedad que define el presente y el futuro de la bodega en San Patricio del Chañar, es el Pinot Noir. Con un trabajo minucioso, la bodega ha desarrollado siete etiquetas diferentes basadas en esta cepa, cubriendo un abanico que va desde sus opciones de entry level (que incluyen el tinto joven y el Rosé), pasando por los segmentos Premium y Ultra Premium, hasta un Tardío, la línea icónica Familia y su espumante Rosa de los Vientos (100% Pinot Noir).

Para lograrlo, la bodega adaptó su infraestructura de manera quirúrgica:

  • Tanques especiales: Diseñados con proporciones no estándar (una relación de altura menor al ancho, emulando las piletas antiguas).
  • Pisonaje mecánico: Permite una extracción mucho más suave, gentil y cuidada del sombrero, lo que se traduce directamente en la elegancia del producto final.

La apuesta es tan fuerte que, a pesar de los recientes “vientos en contra” de la macroeconomía, la empresa plantó 30 nuevas hectáreas de Pinot Noir (junto a algunas parcelas de Pinot Gris) en los últimos dos años. “Hoy el Pinot Noir no tiene techo en Argentina”, afirma con seguridad.

La primicia absoluta: El método Champenoise

Tras consolidar un Charmat largo de altísimo nivel —que los consumidores a ciegas confunden con métodos tradicionales—, la bodega se animó a tentar a su enólogo para obligarlo a ir un paso más allá.

Schroeder reveló en exclusiva que próximamente verán la luz las primeras 2.000 botellas de su espumante bajo el método tradicional o Champenoise. Con bases sumamente cuidadas y la experiencia de más de 20 cosechas, el proyecto espera el mes de septiembre para el tiraje en botella, respetando los tiempos naturales de la levadura en el ambiente para lograr esa cremosidad, graso y tensión en la burbuja que el segmento de alta gama exige.

Radiografía Comercial y el “Paraguas” Patagonia

Hoy la bodega ostenta un equilibrio comercial saludable y una fuerte impronta burbujera:

  • Mix Comercial: El 40% de la producción se destina a la exportación, sostenido por clientes históricos de muchos años, mientras que el 60% abastece al mercado interno.
  • El peso de las burbujas: En el mercado local, el 50% de las ventas corresponde a espumantes, una cifra altísima y dinamizadora para una bodega de vinos finos.

Respecto al valor de la marca Patagonia, Schroeder la define como un “origen mágico” con una percepción sumamente positiva en el mundo. Aunque defender la marca de los intentos de apropiación de bodegas internacionales es una tarea costosa, el beneficio es innegable:

“Patagonia es la oportunidad de meter la pata en la puerta de un restaurante o un cliente internacional para que te den la chance de probar. El Malbec hizo famoso al país en 2008, pero cuando ofrecés Patagonia, el paraguas es enorme. Es un valor agregado que debemos defender y trabajar en conjunto entre La Pampa, Chubut, Río Negro y Neuquén”.

Hernán y Roberto Schroeder
Hernán y Roberto Schroeder

El horizonte en San Patricio del Chañar

Mirando hacia el futuro, el potencial de crecimiento sigue abierto. De las 12 hectáreas iniciales con las que abrieron el juego en 2001, hoy cuentan con 200 hectáreas en producción sobre un total de 230 hectáreas de propiedad. Con infraestructura de riego consolidada y agua de altísima calidad disponible, la bodega tiene la capacidad de incorporar al menos 90 hectáreas más en el corto y mediano plazo.

A pesar de las turbulencias y las tormentas climáticas y económicas, Roberto Schroeder mantiene la calma y la visión clara. San Patricio del Chañar demostró ser un valle excepcional para la fruta, de noches frescas, acidez natural y colores vibrantes. Con el Pinot Noir como bandera y la inminente llegada de su Champenoise, la bodega consolida su estatus de ícono indiscutible del sur argentino.

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