La bodega mendocina Mendoza Vineyards obtuvo las certificaciones BRCGS e IFS, las dos normas de calidad y seguridad alimentaria más exigentes y reconocidas para los mercados de Europa y el Reino Unido. Haber aprobado con las calificaciones más altas posibles (AA y Higher Level) posiciona a la empresa en la élite de los proveedores globales.
¿Por qué es un requisito clave para ingresar a estos países?


Inglaterra, el Reino Unido y la Unión Europea son mercados de vino muy exigentes y regulados en el mundo. Para una bodega argentina, estas certificaciones no son un simple “extra”, sino el pasaporte obligatorio para poder ingresar a esos destinos.
En estos mercados, la comercialización de vino está concentrada en grandes distribuidores y cadenas de retail (como Lidl, Tesco o Sainsbury’s). Estos gigantes crearon y exigen estas normas para garantizar que el producto es 100% seguro. Sin estos sellos, las puertas de esos países están prácticamente cerradas para la exportación.
“Estas certificaciones son la llave maestra para abrir los mercados de Europa y el Reino Unido, y generan mucha confianza en Estados Unidos y Latinoamérica. Garantizan que podemos rastrear cada botella y asegurar la máxima calidad desde Mendoza hacia el mundo”, explicó Rodrigo Bos, Gerente de Operaciones de la bodega.

El impacto en el equipo: Calidad, Enología y Ventas
Detrás de este logro hay un trabajo en equipo que transformó el día a día de la bodega. Para cumplir con las normas, se realizaron fuertes inversiones en la planta del Carril Rodríguez Peña, optimizando el almacenamiento, la línea de embotellado y la trazabilidad (saber exactamente de qué viñedo salió la uva de cada botella).
Celina Rosas, jefa de Control de Calidad, detalló el esfuerzo:
“A fin de garantizar la trazabilidad, se realiza un intenso trabajo documental; cada tarea tiene asociado un procedimiento y un registro. Estos resultados evidencian la solidez de nuestro sistema y una cultura de inocuidad alimentaria consolidada en todos los niveles de la organización”.
Por su parte, el equipo de Enología de la bodega destacó el desafío de adaptar los procesos sin perder la identidad del vino:
“El gran reto fue estandarizar cada paso de la producción bajo reglas súper estrictas de higiene y control, pero cuidando el característico estilo artesanal de nuestros vinos de Agrelo y Altamira. Logramos demostrar que la alta calidad enológica y la máxima seguridad industrial pueden ir de la mano”.
Desde el área comercial y de Comercio Exterior, el impacto es inmediato:
“Para nosotros esto cambia las reglas del juego. Cuando nos sentamos a negociar en Europa o Inglaterra, lo primero que te preguntan es si tenés BRCGS o IFS. Al presentarnos con la máxima calificación, la conversación pasa de ‘ver si podemos entrar’ a ‘cómo empezamos a diseñar el negocio’. Nos da un respaldo comercial imbatible frente a los competidores de todo el mundo”.



