En una entrevista exclusiva con Caminos del Vino, la Chef de Cave de Chandon Argentina detalla cómo transformaron un récord histórico de lluvias en una oportunidad enológica sin precedentes.”
Mendoza volvió a demostrar que el clima no tiene última palabra, sino que abre diálogos. La vendimia 2026 quedará grabada en la memoria técnica y emocional de Chandon Argentina como la más desafiante de la era moderna. No fue solo una cuestión de milímetros; fue una prueba de fuego —o mejor dicho, de agua— para la templanza de un equipo que supo interpretar un escenario inédito.
Los registros climáticos hablan por sí solos y sitúan a esta temporada como un hito pluviométrico. Para encontrar una referencia similar hay que remontarse a 1992. Enero rompió todos los moldes con 106 mm acumulados, mientras que febrero mantuvo una humedad constante que no dio respiro. Incluso marzo, en apenas dos semanas, ya superó su media histórica. En total, Mendoza recibió en 75 días el 70% de la lluvia que normalmente cae en un año entero.

“Esta vendimia nos obligó a dejar de lado los manuales y a sentir el pulso del viñedo cada hora. Fue una cosecha de una exigencia física y emocional enorme para todo el equipo de Chandon. Recuerdo ver los registros de enero, esos 106 mm que rompían récords de décadas, y sentir que la naturaleza nos estaba desafiando a ser más precisos que nunca.”
Sin embargo, hoy, con los últimos tardíos ya en bodega y viendo la calidad sanitaria que logramos, la sensación es de una gratitud inmensa. Lo que empezó como un año de ‘supervivencia’ nos termina regalando una frescura eléctrica. Nuestros Pinot Noir 2026 tienen una vibrancia y una elegancia que en años de calor extremo salimos a buscar y no siempre encontramos. Es una añada que premia la resiliencia y que le va a dar a nuestros espumantes una columna vertebral de frescura histórica.”
Ante este panorama, lo que comenzó como una logística de supervivencia se transformó en un éxito de precisión. Gracias a un monitoreo quirúrgico y a una entrega absoluta en el viñedo, el equipo de Chandon logró ingresar la uva en tiempo y forma. Tras siete semanas y media de labor ininterrumpida, la entrada de los tardíos en un estado sanitario impecable marcó el cierre de una batalla ganada palmo a palmo.

Sin embargo, la gran noticia no es solo la sanidad lograda, sino la joya enológica resultante. Las condiciones de frescura extrema han dotado a los vinos de una vibrancia y elegancias inusuales. En particular, el Pinot Noir se perfila como el gran protagonista de la añada: fresco, eléctrico y con una expresividad que solo un año así de complejo puede imprimir.
Hoy, la satisfacción en la bodega es total. Supieron leer el dictado de la naturaleza para transformarlo en una oportunidad. El resultado es una añada de frescura única, de esas que se extrañan en los años de calor sofocante y que ahora serán el alma y la columna vertebral de los futuros espumantes de la casa.



