Fernanda Martino: La diseñadora que redibuja el futuro de Martino Wines

Fernanda Martino

Por Jorge Cabrera (Caminos del Vino)

En el complejo tablero de la vitivinicultura mendocina, los nombres propios están cambiando. Hay una nueva generación que no solo hereda viñedos, sino que hereda el desafío de hacerlos rentables y relevantes en un mundo globalizado. En Martino Wines, ese motor de cambio tiene nombre de mujer: Fernanda Martino.

Sentarse a charlar con Fernanda es entender que la bodega hoy atraviesa un proceso de “curaduría”. Con su formación como diseñadora gráfica y una visión pragmática pero apasionada, tomó la batuta del negocio hace dos años para llevar el legado de su padre, Hugo, hacia un equilibrio contemporáneo.


El equilibrio entre el legado y la frescura

Fernanda es clara: no se trata de romper con los 23 años de historia de la bodega, sino de evolucionar. Su visión busca amalgamar la estructura de los vinos que ama su padre —con esa impronta de finales de los 90— con los vinos que ella misma elige tomar hoy.

“Me toca hacer esta transición entre el legado, pero buscano el equilibrio: escuchar al consumidor actual, que pide vinos más fluidos, más frescos y con más acidez, pero sin tirar por la borda lo que se hizo antes”.

Su impronta se nota en la búsqueda de vinos más gastronómicos, bajando niveles de alcohol y dejando que el terroir se exprese sin tanto maquillaje de roble.


Finca La Violeta: El corazón que late desde 1926

Para Fernanda, Finca La Violeta no es solo un activo de la empresa; es una carga emocional. Este viñedo centenario (plantado en 1926) en la calle Cobos de Agrelo, es el origen de todo.

La historia de Violeta Lancilota, la antigua dueña que amenazó con separarse de su marido si él tocaba esas plantas de Malbec, resuena hoy en la voz de Fernanda. Ella cuida ese material genético que entrega notas florales únicas y que hoy es la base de sus líneas superiores.

La primicia: Bajo su gestión, la cosecha 2025 de esta finca ha mostrado una calidad tan excepcional que ya se está gestando un nuevo vino ícono que verá la luz próximamente tras su paso por madera.


La estrategia de diferenciación: Salir de la “muchedumbre”

Para Fernanda, la decisión de abrir el juego no fue un capricho reciente, sino una lectura estratégica que comenzó en 2010. En aquel entonces, junto a su padre entendieron que, si se quedaban solo en el Malbec, sería muy difícil diferenciarse en lo que ella denomina “la muchedumbre” del mercado.

“Desde el 2010 venimos trabajando en esta diferenciación. Fuimos los primeros en Argentina en tratar al Pedro Giménez como un varietal de alta gama, cuando el resto de la industria lo usaba solo para bases de espumantes o cortes genéricos”, recuerda Fernanda, quien ya formaba parte de la empresa en ese entonces.

Esta búsqueda de lo inusual no fue un camino solitario, sino un trabajo conjunto y sostenido en el tiempo. A partir de esa primera apuesta, el portfolio se expandió con Semillón, Chardonnay, Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon.

Sin embargo, el gran salto estético y conceptual llegó en 2019:

  • Rediseño total: Se le dio una nueva frescura al portfolio, alineándolo con la identidad actual.
  • Consolidación: Se profundizaron los varietales “atípicos” como el Marselan, que hoy son la marca registrada de la bodega.
  • Visión compartida: Fernanda subraya que esta evolución fue un proceso de maduración mutua entre el legado de su padre y su propia mirada estratégica.

Liderar con “vértigo” en tiempos de crisis

Fernanda no edulcora la realidad. Como empresaria joven a cargo, siente el “vértigo” de una industria donde los costos de producción no siempre condicen con los precios de mercado.

“Es una industria hermosa donde mis hijas se integran a bajar camiones en la molienda, pero es caro producir. Falta financiamiento y políticas estratégicas reales que acompañen al privado”, señala. Su enfoque es la eficiencia y el nicho: producciones controladas donde se prefiere quebrar stock antes que sobreproducir, manteniendo el deseo vivo en el consumidor.


La mirada de autora

Desde su ojo de diseñadora, Fernanda Martino está creando no solo vinos, sino marcas con identidad. Su participación desde que entra la uva hasta que el producto llega a la góndola le da a la bodega una coherencia visual y enológica envidiable.

Martino Wines hoy no es solo una bodega de Agrelo; es el reflejo de una mujer que se anima a probar, a equivocarse y a reintentar, aportando una mirada fresca y objetiva que la industria necesitaba.

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